jueves, 5 de mayo de 2011

Querida Seño Lucre.

Y sin mas que el torpe andar que siempre la caracterizó, cruzo la calle esa mujer que una vez y hace tiempo ya...me enseñó a leer y a escribir. Yo hiba con los auriculares y vi pasar a la seño Lucrecia, con las canas de siempre al viento y esa vitalidad que por lo visto, ni los años ni el tiempo, pudieron robarle. La recuerdo con el cariño que me merece un pasado inolvidable, pero la realidad es que era una vieja chota, y no creo que haya cambiado. Nunca se caso ni tubo hijos, aunque solia decir que "cada uno de sus EDUCANDOS era como un hijo para ella". Su trabajo de docente fue siempre abnegado, nunca se dio lugar a ella...dia a dia se encargaba de decirlo cuando jodiamos y no la dejabamos dar clases. Nunca supimos su edad, donde vivia, ni donde compraba la ropa...Esto ultimo era mas que interesante, pues su prendas eran y siguen siendo, de las mas espantosas y estridentes que se han confeccionado. Su peinado siempre inflado y con spray, duro como un premolar; su maquillaje barato y abundante y un perfume ordinario y persistente...tanto que cuando paso por mi lado hoy, me transporto al 2004 casi instantaneamente...los aromas de mi infancia. Su modo de hablar mutaba conforme pasaban los años lectivos, pero siempre se mantenia rebuscado y hasta comico. A un fuera del colegio se la oia pronunciar las palabras, esforzandose para que se notara cada vocal, cada b o v. Por supuesto, tambien efectuaba una pronunciacion exquisita de la ELLE, que segun ella, engalanaba nuestro casteliano. Siempre era la encargada de leer en los actos; su destreza para la oratoria era especialmente valorada por la directora. El problema se presentaba a la hora del himno, cuando haciendo uso del microfono con total impunidad, la seño cantaba con esa voz agua y penetrante que jamaz deje de extrañar. Amaba la higiente, el pelo corto, la gomina y los cancanes verdes.Muchos recuerdos, mucho tiempo. Me invadio la nostalgia. Y lo peor fue que no pude saludarla ni decirle lo mucho que la recuerdo..el consuelo es saber que hoy, siguen existiendo maestras asi...por lo que las generaciones venideras, sabran lo que es tener, una señorita lucrecia.