viernes, 27 de enero de 2012

La suerte está echada (y parece que se durmió) Parte 1

Esta en nuestra naturaleza humana tratar de llenar los momentos con cosas que aporten algo  a la difícil pero apasionante tarea de ser un poco menos infelices (o un poco más felices, mirándolo desde un lugar positivista). Así fue que surgió en una charla, mate de por medio, la peregrina idea de viajar a la localidad de San Carlos (pequeño pueblo del interior Salteño que queda “donde el diablo perdió el poncho”, diría algún baquiano.) Allí se realiza año a año un festival folklórico signado por la música a todo volumen, la tradición y las grandes cantidades de vino, fernet, hoja de coca y demás yerbas –como todo festival folklórico-. Movidos mas por la excusa perfecta para tomar hasta el coma 4 que por la cartelera del festival en si (que incluía a Los nocheros, Abel Pintos,  Facundo Toro, los tekis) resolvimos juntar gente y VIAJAR!
El minibus.
 Con algunos telefonazos se conformó la comitiva festivalera.  Popi (novio de mi cuñada, encargado de conducir el minibús alquilado para transportarnos) Andrea (mi cuñada, amorosa cuando está dormida) Majo (treintañera quejosa) Fernanda (no hay descripción disponible) Nico (primo de mi novia, borracho conocido) Belén (novia del primo de mi novia, amarga como terma sin soda) Andy (amiga fiel, cachetona, risa contagiosa e irritante) Viqi (mi novia♥) y yo. Era un buen equipo, a pesar de todo.
El gran día llegó y todo era calma…esa calma que antecede al huracán (auténticos decadentes dixit). Es al día de hoy que todavía no comprendo por qué se decidió fijar como hora de partida las 8:30 de la noche, pero en fin, ese era el horario. No faltaba nada, mi mochila estaba hecha y a las siete y media de la tarde yo no tenía nada más que hacer que descansar hasta que fuese la hora de partir. Era extraño que, tratandose de mi, no surgiera ningun imprevisto. Y claro, surgió.
Aquí, empieza la tragedia.
Cuando me disponía a dormir un rato, mi novia me llamó algo alterada (algo MUY alterada si se quiere). Básicamente me encomendó la obligación de hacer aparecer, de donde fuere, una bolsa de dormir porque en la morada Sancarleña que nos alojaría, solo había dos camas. Con el apremiante reloj en mi contra, emprendí la campaña para conseguir una bolsa de dormir. Llame por teléfono más veces de las que debe haber llamado Sú Giménez en su programa y al final, cuando ya estaba asumiendo que iba a dormir en el suelo, mi mágica tía Ana Inés (Aniné, para los amigos) me dijo que ella tenía, que fuese a buscarla. YES !!
El traspié cuestión pareció insignificante cuando la solución estuvo ya delante de mis ojos. Llegue a las nueve menos cuarto a su casa para buscar rápidamente el paquete en cuestión y volar hacia el punto de encuentro.
Tia Ana Ine
Ya era tarde pero no podía presentarme sin la bolsa. Le pedi a mi mama que me llevara, malísima idea. Baje del auto y toqué el timbre una vez… y otra…y dos más. Y saben qué? La tía Ana, NO ESTABA. Ni el mismísimo hijo de Dios se salvo de la jauría de puteadas y maldiciones que salieron de mi mente y mi boca en esos momentos de tanta tensión.
Cuando ya estaba al borde del colapso, perdiendo la poca cordura que me quedaba y en la cúspide de la cólera, la tía  apareció con unas bolsas del supermercado. –Hay, me olvide que venias, que tonta!- Exclamó la muy conchuda.  Podría haberla asesinado a sangre fría, pero en vez de eso preferí respirar, calmarme y conseguir rápidamente la puta bolsa. Besito va, besito viene me despedí de Ana agradeciéndole el favor y me subí al auto que conducía mi madre al ritmo de “ACELERA, MIÉRDA!”. A todo esto, eran las 9:10. Mientras nos dirigíamos al lugar de encuentro (la casa de mi novia) vi una farmacia, que me hiso recordar la tortura a la que estaba sometido en manos de unas aftas mutantes que ocupaban todo mi labio inferior interno (los boludos las llaman fueguitos, las ubican? )STOP! Dije en voz alta. Mis aftas parecían estigmas y yo no lo podía soportar; encargue a mi madre que se bajara a comprarme algún producto que aliviara mi dolor, que me ayudara  a cargar con la cruz del herpes. Mami se bajó y aunque es una inconsciente, sentí que sabiendo la premura, no iba a tardarse. Pero mis pronósticos fallaron, por lo que cuando se cumplieron  los diez minutos de espera bajé del auto. Entré a la farmacia y fui testigo de un espectáculo espantoso de ver.
El antestésico.
Mi madre, a la que había mandado a comprar algo para las aftas CON APURO, estaba del otro lado del mostrador a los abrazos con don Zoilo, un ex kiosquero amigo de la familia que ahora oficiaba de farmacéutico y al que mi mama, evidentemente, le tenía especial cariño. Para que dar detalles de la escena de odio que protagonicé allí…? Finalmente, después de esa pérdida de tiempo estúpida subimos al auto. Mi mama me mostro lo que me había comprado, al nombre te lo debo, pero la descripción presentaba a este líquido como un ANESTESICO PARA LA PERFORACION Y UTILIZACION DE VALVULAS SUBLINGUALES. ¿? El  prospecto me convenció…Si alivia noseque poronga sublingual, seguro aliviará una aftita. Pero entre joda y joda ya eran las 9:30 de la noche. Mi teléfono empezó a sonar con una insistencia que ponía mis nervios de punta.  Atendía y del otro lado escuchaba voces putearme, no me detuve a dilucidar específicamente quien era el gestor de estas puteadas. A las 9:36 APROXIMADAMENTE, llegue al punto de fuga, y lejos de abrazos fraternos y amorosos, me esperaban 8 personas que en cuyos rostros, reflejaban el desprecio que no merecería ni siquiera la peor de las basuras humanas…Creo que había mas piedad en los ojos de las abuelas de plaza de mayo para con Videla, que la que podría haber en los ojos de mis compañeros de viaje para conmigo.  En el apuro y la mala onda, literalmente fui catapultado dentro del vehículo sin la posibilidad de despedirme de mi madre. Mochila en mano, regando camperas por doquier y con una zapatilla desatada, me senté algo agitado y muy compungido por el evidente malestar que mi tardanza había causado. Cuando el plan era partir 8:30, nosotros los hacíamos a las 10:00, por mi culpa, claro está. Esto empezó con el pie izquierdo.
Continuará…

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