![]() |
| AFTA |
Llevábamos ya un tiempo viajando y los primeros bahos corporales empezaban a hacerse notar sin reserva alguna en el habitáculo motorizado que nos transportaba. Se viajaba en un ambiente bastante festivo con la música y las risas como condimento, y yo, que estaba relajado y divertido, había dejado de pensar por un rato en mi dolor de aftas. Todo era risa hasta que tuve la cataclíptica idea de engullir un sándwich. El fenómeno químico que se produjo cuando la mostaza del emparedado y mi afta entraron en contacto, me trajo de nuevo a la realidad. Basta con resumir que el ardor ocupó hasta el más recóndito recoveco de mi humanidad. Fue intenso; tanto que sentí que se me aflojaban los esfínteres. Estuve ausente por unos segundos, al borde del desmallo me animaría a decir. Cuando pude volver en mi, ni lento ni perezoso, le pedí a mi novia que me aplicara el ungüento (ese anestésico de mierda, se acuerdan?). De un sabor vomitivo, el líquido penetro en mis estigmas llagas y también en mi lengua. Primeramente solo sentí el horrible sabor; pero al cabo de unos segundos la sensibilidad de mi boca desapareció por completo. Podrían haberme fileteado la lengua con una trincheta, que yo no me hubiese ni enterado. Después de semejante dolor, el alivio fue de ensueño. Pero como todo sueño, duró poco. No había terminado de explicarles a mis compañeros lo fantástica que era la acción farmacológica del anestésico y lo profundamente adormecida que sentia mi boca, cuando el dolor comenzó de nuevo. Resulto ser que el putisimo líquido para perforaciones de lengua y la concha de la lora, tenía un efecto instantáneo pero fugaz del que mi madre, según parece, no estaba informada cuando lo compro. Las cosas seguían saliendo mal.
![]() |
| San Carlos |
Llegamos a San Carlos poco despues de este incidente. Nos adentramos en las profundidades del pueblo (profundidades no tan profundas si se tiene en cuenta que el lugar empieza y termina en un radio de ocho cuadras…una garcha) y bajamos el equipaje lo más rápido posible. El festival había empezado y ya se escuchaban a lo lejos unas viejas que cantaban coplas.
Ami me dolía la boca pero ya estaba bastante lejos de casa como para que un “fueguito” del orto me arruinara el viaje. Le puse onda. Estábamos listos, con todas las pilas y el fernet bajo el brazo. Bailando el carnavalito, sin otra preocupación que pasarla bien, nos acercamos al porton de acceso. En medio del jolgorio que proponía la música, el alcohol, los
Ami me dolía la boca pero ya estaba bastante lejos de casa como para que un “fueguito” del orto me arruinara el viaje. Le puse onda. Estábamos listos, con todas las pilas y el fernet bajo el brazo. Bailando el carnavalito, sin otra preocupación que pasarla bien, nos acercamos al porton de acceso. En medio del jolgorio que proponía la música, el alcohol, los
![]() |
| Vieja que canta coplas |
papeles picados, la nieve sintética y demás aditamentos…Se escucho la voz del vallisto patovica que pronuncio (como pudo) la última frase que hubiésemos querido escuchar en ese momento:
-No hay mas entradas-.
Todas las miradas se enfocaron en mi. Luego de hacerme sentir culpable por lo sucedido y de recalcar que todo esto pasaba por MI DEMORA, mis compañeros y yo entendimos que, si ya estábamos en el baile, no quedaba otra que bailar. Las ganas de divertirnos estaban intactas y el fernet, simplemente EXQUISITO. Se decidió entonces, armar la fiestita afuera. Y saben que?Fue una bosta Fue una gran noche.
El reloj tocó las seis de la matina; era hora de volver.
Ya en la casa, bastante en pedo, charlábamos acerca de los pormenores de nuestro accidentadísimo viaje. Alli sucedió lo inevitable. El topo empezó a pechar Los efectos del fernét empezaron a hacerse notar. La necesidad de un baño, se hiso imperiosa. Grande fue mi desagrado al enterarme de que la habitación que yo precisaba se encontraba separada de la casa. Para llegar se debía pasar bajo una parra y cruzar el patio de tierra. Sinceramente, hubiese preferido cagar a la intemperie pero era una pérdida de glamour demasiado grande. Así fue que, con mi borrachera a cuestas, el miedo de toparme con alguna criatura de la noche y la urgencia sanitaria que exprimía mi cuerpo, me dirigí al alejado toilette. Cuando llegé solo atiné a patear la puerta para luego desplomarme sobre el inodoro. Cagué como un tiranosaurio rex. Fue el gran alivio de mi vida. A falta de bidet, fue evidente la necesidad de utilizar una cantidad considerable de papel higienico. Y no te digo si será garca el destino, que (como no podía ser de otra manera) NO HABIA TAL PAPEL. Aislado, solo, preso en un baño lúgubre y sin la posibilidad de pedir auxilio, tuve que tomar medidas drásticas. Recurrí al método menos ortodoxo pero más útil en este tipo de casos tan jodidos. Heroicamente, cual kamikaze japonés, mi media gris con rayas naranjas, dejó la vida en batalla.
Para los menos metafóricos: Básicamente, me limpie el ano con una media.
Luego la arrojé lejos, no tan lejos como para no ser encontrada jamás, pero si lo suficiente mente lejos como para no ser encontrada por ninguno de mis compañeros, por lo menos. Y bueh, lo que no te matate hace mas hijo de puta te fortalece. Soy todo un expedicionario.
Esto se ponia cada vez peor.
-No hay mas entradas-.
Todas las miradas se enfocaron en mi. Luego de hacerme sentir culpable por lo sucedido y de recalcar que todo esto pasaba por MI DEMORA, mis compañeros y yo entendimos que, si ya estábamos en el baile, no quedaba otra que bailar. Las ganas de divertirnos estaban intactas y el fernet, simplemente EXQUISITO. Se decidió entonces, armar la fiestita afuera. Y saben que?
El reloj tocó las seis de la matina; era hora de volver.
Ya en la casa, bastante en pedo, charlábamos acerca de los pormenores de nuestro accidentadísimo viaje. Alli sucedió lo inevitable.
Para los menos metafóricos: Básicamente, me limpie el ano con una media.
Luego la arrojé lejos, no tan lejos como para no ser encontrada jamás, pero si lo suficiente mente lejos como para no ser encontrada por ninguno de mis compañeros, por lo menos. Y bueh, lo que no te mata
Esto se ponia cada vez peor.



No hay comentarios:
Publicar un comentario