lunes, 13 de febrero de 2012

La suerte está echada (y parece que se durmió) Parte 3


Las complicaciones eran lluvia ácida y yo, con la resaca propia de una noche de desparpajo, desperté al otro día desesperado por desayunar. Solo había té, con lo cual no tuve que pensar demasiado. Después, cuando el escuadrón estuvo ya despierto y listo para continuar remándola en un viaje que desde el comienzo, era una bosta complicado decidimos en total uso de nuestras facultades mentales, ir hasta Cafayate (que esta a menos de una hora en auto) para comer algo y pasear un rato. A este punto ya CUALQUIER IDEA era mala por el simple hecho de que sabíamos que los otros sabían que todos sabíamos que ALGO IBA A FALLAR. Partimos en la trafic con energías renovadas y al son del cantante más desastroso que hadado esta tierra simpático Sergio Galleguillo.  Se tiraban ideas para determinar a qué cantina de cuarta restó íbamos a ir. Finalmente y en democracia, el comedor “Lo De Juana” fue el elegido.
Al entrar, casi fuimos noqueados por una bofetada de variados aromas que iban desde asado hasta pastel de choclo dulce. Comer ahí era comparable con hacerlo en los baños quimicos de la clandestina frontera boliviana si de higiene hablamos, pero como somos gente  pobre que busca lo más barato posible que se adapta a todo, decidimos quedarnos. Pasaron quince minutos sin que nadie se acercara ni siquiera a saludar, el lugar estaba lleno pero veíamos como gente que había llegado después, era atendida mientras nosotros quedábamos relegados a un penoso olvido por parte de la barata de quinta moza. Ante esta situación, Popi, quien lleva la voz cantante en lo que a reclamos se refiere, le dijo educadamente –“Disculpa, nos podes atender, porque hace rato que estamos”. Esto fue suficiente para que la camarera en cuestión decidiera darse a la tardea de hacernos pasar un mal rato. La cuestión siguió así. Mientras esperábamos, todos con caras de ultratumba por el hambre que había llegado a descomponernos, la amable y servicial camarera atendía otras mesas, buscaba cambio, veía la novela y cualquier otra actividad que nos irritara. Lo hacía a propósito, pude verlo en sus ojos de puta garca puta garca (perdon, no hay forma de maquillar esta verdad). Me puse de pie y fui a la barra luego de media hora de espera, para hacerle saber a la cajera lo que sucedia. Y, evidentemente, fue peor. El odio infundado de la camarera se multiplicoó y
EL AMIGO "ALTO GUISO
tardo el triple que antes en darnos bola. Cuando por fin se acerco a la mesa, de muy mala gana, pregunto –“Que van a tomar”- (Cabe destacar que habíamos pedido unas cocas cuando llegamos…Se ve que se le olvidó) Aquí fue cuando la cólera se apodero de Popi. “Hace horas que esperamos, que crees que nos estás haciendo un favor? Trae la coca de una buena vez, serví para algo LA CONCHA DE TU HERMANA, ME CAGO EN TUS HIJOS MALNACIDA, EMPLEADA!! bla bla bla”…
Bueno si, no fue taaan así…Pero sea como sea, todo termino en una discusión que nos llevo a levantarnos de la mesa y retirarnos del lugar, por una cuestión de amor propio. Mira vos que uno se va a dejar maltratar por una golfa de ese calibre. Posteriormente naufragamos sin rumbo, bajamos en dos restoranes donde, cuando ya estuvimos sentados, nos dijeron que no había comida. Eran las tres y media de la tarde, un calor inhumano minaba nuestras fuerzas y la esperanza de comer algo era el único motivo para no entregarse a los cuervos. Finalmente, a lo lejos...como un oasis, vimos una sangucherria inmunda que estaba abierta. Y tuvimos que conformarnos cola paty de 15 pesos en vez de hacer un alto guiso. Imaginarán que los humores eran de lo peor. Pero ese impulso de querer pasarla bien a pesar de todo seguía latiendo en algún lado de nuestro magullado ser. Por eso, después de comer, nos fuimos a un camping para tomar unos mates, charlar, meternos a la pilera, embriagarnos y tratar de olvidar el incidente de la moza…Después de todo, somos jóvenes y tenemos alcohol, no hay razón para deprimirse. Cuando tuvimos un pie en el camping y lucimos nuestros cuerpos faltos de bronceado, listos para un chapuzón que nos refrescara el alma después del agobiante calor de la media tarde; un chubasco imparable y crudo se posó justo sobre el predio. Bien hija de puta la cumulus nimbus.

La nube gris escondió hasta el último haz de sol y el cielo se vino abajo en lluvia. Aquí, sin más cháchara, se confirmo que el viaje ESTABA MEADO POR LOS TERODÁCTILOS, QUE LA YETA ERA LA DÉCIMA PASAJERA DE ESA TRAFIC Y QUE LO ÚNICO QUE PODIAMOS HACER, ERA AHOGARNOS EN AGUA VENDITA PARA REGRESAR CON VIDA, o dormir. Dormir todo lo cura. Fue nuestro último recurso. Volvimos a la casa de San Carlos y, abatidos por nuestra accidentada empresa, nos tiramos una siestita. Y no me pregunten porque, pero al despertar, todos sentimos al unísono que de esa siesta, la suerte también se había despertado. Era ya una noche fantástica y habíamos conseguido entradas para la segunda luna del festival. El ambiente festivo se respiraba en las calles y mi afta me había dejado de doler.
Teníamos fuerzas renovadas para darle una última oportunidad al viaje. Y así, después de cargar con la cruz de la yeta durante un día y medio, la mala racha terminó. El festival fue un éxito, nos divertimos mucho, cantamos y bebimos hasta el amanecer. Después descansamos, paseamos más y finalmente volvimos a casa. Lo demás, son recuerdos. Aunque se empiece con el pie izquierdo, siempre hay posibilidades de redención.
 


                                                        QUE BUEN VIAJE!

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